Justicia por el Atuel

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EN EL CONOCER, CONOCERNOS Y CONOCERLA, ESTÁ LA CLAVE DE LA PAMPA “ATUELINA”

A partir de 1882 la Dirección General de Tierras y Colonización de la Nación ejecutó, en la zona del noroeste de La Pampa regada por las aguas del río Atuel, mensuras y reconocimientos agronómicos  que coincidían en indicar las facilidades naturales para colocar tierras bajo riego.

Mensura de Justiniano Allende Posse.

De conformidad con la Ley de Tierras 4167 (08/01/1903) y su decreto reglamentario, el Presidente de la República José Figueroa Alcorta, mediante decreto del 23 de noviembre de 1908, nombró al Ingeniero Justiniano Allende Posse para efectuar el trazado de una Colonia Agrícola.

Los trabajos se iniciaron el 3 de febrero de 1909 y en el plano confeccionado se advierte que la colonia estaba atravesada por aguas del río Atuel y aparecen debidamente señalados “totorales”, “vados”,  “la Cañada de la Tinajera”, etcétera.  Aparecen numerados correlativamente 93 lotes, todos los cuales tienen 100 hectáreas cada uno de superficie, excluidos los números 33, 34, 35 y 36, con 119 hectáreas cada uno y los números 37,38 y 39, con 112 hectáreas cada uno. Mensura aprobada, por el ya referenciado Figueroa Alcorta,mediante decreto del  21 de octubre de 1909.

Allende Posse consideró las tierras mensuradas -denominadas como Colonia Butaló o Butallo-  como de “pan llevar”, habida cuenta de los cursos de agua que las hacían fácilmente irrigables y porque entendía que eran especialmente aptas para la agricultura, bajo riego.

Comisaría mendocina en La Pampa.

Aún más, en el mapa del Instituto Geográfico Argentino publicado en 1910 aparece registrada  una Comisaría, en las tierras que fueran mensuradas por el Ingeniero Allende Posse, que dependía de Mendoza y que funcionó hasta los primeros  años del siglo pasado.

Ocaso de Butaló.

Obras clandestinas de captación y desvío, en el sur mendocino, producen el ocaso de la Colonia Butaló o Butallo (hasta su desaparición) a partir de 1918. Tema que merece otra columna, para no fatigar al lector.

En la década 1920/1930, el padre Juan Monticelli, en uno de los capítulos de su libro El Far-West Argentino,  refiriéndose al problema del desecamiento de la cuenca del Salado, nos decía: “La Pampa no tiene arreglo”.  Pareciera que tan absurda afirmación ha sido corroborada por gobernantes y funcionarios pampeanos a partir de la segunda mitad de la década de 1980;  pese a que para nosotros aún “La Pampa tiene arreglo”, como se señalara antes de ahora.

En los últimos 25 años, el tema del Atuel  -en mayor o menor medida-  se tomó como una bandera política del partido del gobierno provincial. Prácticamente se lo “cambió por un caño”, como lo nominara el diario “La Arena”  o  “por un plato de lentejas”, como se intitulara desde esta columna.  Se olvida que es una cuestión de todo el pueblo pampeano, sin distinción de banderías y, en estos últimos días, se consiente la puesta en funcionamiento del Canal Marginal del Atuel  -en tierra mendocina-  a modo de potencial acta de defunción para los pampeanos que habitan la zona oesteña y que también son argentinos.

Se hace y se ha venido haciendo todo lo contrario de lo efectuado durante el proceso judicial  -que declarara la interprovincialidad del río Atuel-  tramitado  ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.  Sin falsa modestia tuvimos el honor de dirigirlo con excelencia (a partir de 1979), contando con la colaboración inapreciable de integrantes de Fiscalía de Estado,  asesorados por representantes de ONG,  profesionales idóneos en diversas  disciplinas (algunos, incluso, que habían sido cesanteados por el gobierno militar y/o cumplido funciones de jerarquía, incluido ministerios, en el gobierno derrocado en 1976) y patrocinado por juristas de nivel internacional. Era y sigue siendo un tema que hace a la esencia y naturaleza de la provincia.

Consectario.

¿Qué le pasó al “funcionariaje” pampeano a partir de la segunda parte de la década de 1980? Formulado con el debido respeto, no entendieron alguna(as) de estas tres premisas:

Conocer el tema o, si lo conocían (como, sin duda, ocurre con varios técnicos y profesionales), carecieron de la humildad necesaria para buscar apoyatura en terceros ajenos a la partidocracia oficialista. El disenso también abre las mentes, porque “manejar los remos o ser medio experto en botes o  licenciado o catedrático”, no conlleva siempre aptitud en recursos hídricos.

Conocernos más con los hermanos mendocinos; expertos estrategas en diferir amablemente todos los reclamos hídricos. No siempre se debe dar prioridad a actos protocolares, consentir obras nuevas, pisar alfombras rojas, rodear largas mesas con personajes de altos niveles, viajar, viaticar y aparecer en secuencias fotográficas, con dilatada difusión.

Conocer la solución, para no aparentar “hacer para no hacer nada”,  o  evitar integrar comisiones que conducen a cero,  o aprobar  acuerdos que son suscriptos sin un profundo estudio previo (incluido el de agosto de 2008, ante la Presidente de la Nación),  o  disimular temores espeluznantes y falta de coraje cívico.

Hoy el desierto,  del noroeste pampeano,  es el salario pagado por el uso irracional que el hombre  -de “aguas arriba”-  hace de los recursos hídricos y por la ineptitud o falta de idoneidad  -como mínimo, en cu

Porque el destino del agua no depende del río sino del hombre.

* escribe Pedro Álvarez Bustos, Septiembre de 2011.-

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