Leyenda del río robado

Hace muchos años en el oeste pampeano vivian en paz dos tribus disfrutando de las riqueza que la naturaleza les brindaba.

Existian tres grandes amigos, Quillen, Tahiel y Auca. Ellos se querían mucho y creían que su amistad era única.

Al pasar los años Tahiel y Quillen comenzaron a enamorarse. Auca la amaba en silencio, pero no quería decir nada por miedo al rechazo de ella.

El día en el que se festejaba el año nuevo, Tahiel le declara su amor a Quillen. Ella lo acepta.

Al enterarse Auca, su corazón se volvió oscuro de odio y bronca. Comenzo a alejarse de ellos porque no podia verlos felices juntos. Se sentia traicionado.

Quillen y Tahiel planearon su casamiento para la tercer luna llena. Al enterarse de esto, Auca planeó su venganza. No los dejaria ser felices.

La tercer luna llegó y la ceremonia se realizó según lo planeado. Auca permanecia escondido en las sombras, expectante de lo que sucedia.

Los novios festejaban juntos a sus familias sin percatarse de que su amigo se encontraba cerca, en la oscuridad. Oscuridad que se mezclaba con la de su corazón, llena de dolor.

La fiesta terminó y los novios se fueron juntos, tomados de la mano, a caminar por el monte mirando el cielo más hermoso que conocían, el de nuestro oeste pampeano.

Auca, agazapado, dispara una flecha directo al corazón de Tahiel, quien cae muerto en los brazos de su amada.

Perdida de dolor, Quillen comienza a llorar tan amargamente por lo que estaba pasando, que sus lágrimas no terminaban de brotar de sus ojos. Lloró tanto que éstas formaron un rio, conocido como el rio Atuel.

Auca, luego de ver como su amigo y rival caía sin vida a los brazos de su amada, comenzó a correr sin destino. Despues de unas horas cayó sin fuerzas, y con la luna de testigo, se acurrucó y empezó a sentir como su corazon se iba transformando poco a poco en piedra.

Fue tan grande su egoismo que se convirtio en un gran murallón, símbolo del egoismo y la envidia.

Al pasar las horas, las lágrimas de su amada que se habia transformado en un rio llegaron hasta donde se encontraba tirado su amigo Auca. El les impidio el paso.

Sin quererlo ni pensarlo, terminaron los tres juntos como cuando eran pequeños.-


                Autores: alumn@s de 4° A y D
                Docentes: Pedraza Yanina y Veralli Anahi
                Escuela Nº 201 “Cnel. de Marina Benito J. de Goyena”
                Santa Rosa, La Pampa. Noviembre de 2016.