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Fundación Chadileuvu

Punto 08

8.- Contexto social


“Lo pior de todo era la sé. La sé es una cosa terrible porque raspa la garganta y hay qui aguantarse nomá, sin poder hacer nada, sufriendo nomá. A veces no teníamos agua para darles a los críos; eran muy chiquitos, de meses nomá, sufrían mucho por la sé, pero cuando no hay, no hay. Si la agua era poca pero alcanzaba para nosotros, teníamos que cercar la aguada para que los animales no se metieran a tomar. A ellos no hay que darles todo lo que quieren sino lo que se puede. El animal es distinto que el hombre, puede tomar el agua más salada, está más preparao para sufrir, especialmente la chiva, pero el cristiano no aguanta si no moja el garguero. Así fueron muchos años de nuestra vida en La Dulce, quejándose nomá, sin poder hacer nada, viendo cómo la tierra se secaba, mirando morirse los animales. Era mucha tristeza eso de ver que el cielo se iba quedando sin pájaros, así que nos vinimos un poco más al sur, acá, a Puelches, pero cuando el río no viene, el desierto se endurece nomá, y la vida se hace muy mala, hay qu’ir a buscar agua todos los días al pueblo porque la del pozo no sirve, hay que seguir viendo morirse a los chivitos, y eso cansa mucho. Por eso se me fueron algunos hijos a la ciudá, allá están mejor, sufren menos. Yo me viá quedar acá, nomá hasta que me muera porque ya me acostumbré tanto que no vi’andar cambiando. Tengo dos varones que viven conmigo, pero ellos se me van todos los años para la esquila, así que me quedo solita, aguantando nomá.”
Felisa Espíndola, declaración en Revista 7 Días, Buenos Aires, 8-14 de octubre de 1973 (gentileza archivo personal de la familia del Dr. Fernández Acevedo, Santa Rosa).

 

 

Para comprender el impacto social de la desertización de la zona considerada en este informe es necesario realizar una breve reseña histórica acerca de su poblamiento.

En Argentina, las campañas militares (conocidas como “Conquista del Desierto”) contra las poblaciones aborígenes, comprendieron los años 1878-1885 para la región de Pampa y Patagonia, y 1870-1917 para la del Chaco, y se hicieron con el objetivo de que el estado nacional en ese entonces en proceso de conformación, obtuviera la soberanía sobre estos territorios y pusiera esas tierras bajo un régimen de producción destinado a la exportación de materias primas. Los grupos indígenas fueron desmembrados, mediante sistemas de encarcelamiento, deportación masiva, y colocación como mano de obra en condiciones de esclavitud en distintos puntos del país, distantes de los territorios que habían ocupado años antes. No obstante, los indígenas procuraron obtener tierras en zonas cercanas a aquellas en las que habían residido, y como respuesta, sucesivos decretos y leyes les asignaron parcelas en áreas marginales que apenas aseguraban la subsistencia familiar. En el Territorio Nacional de La Pampa, se crearon bajo el régimen de colonias pastoriles, es decir con asignación de lotes de 625 hectáreas cada uno, dos asentamientos. Uno de ellos, conformado por rankülche, llamado colonia Emilio Mitre, de un total de 80.000 has (en el actual departamento de Santa Isabel), y el otro, colonia Los Puelches, por un contingente conformado por indígenas de distintas procedencias, ambas fundadas en el año 1900. Sin perjuicio de estas asignaciones, una cantidad aún indeterminada de indígenas se asentaron de manera informal en tierras a lo largo de la costa del río Salado.

No obstante la escasísima productividad de los predios, las estrategias que aseguraron la reproducción de los grupos descansaron en la combinación de una serie de actividades complementarias tales como la caza, recolección, cría de ganado caprino y confección de textiles, así como el empleo estacional o temporario. Una densa red de relaciones familiares espacializada sobre los campos adjudicados u ocupados, creando situaciones de convivencia o contigüidad, tendía a mantener las condiciones de ocupación, a prevenir que los bienes no fueran subdivididos por sucesión (cuando se trataba de tierras escrituradas) y a evitar la expulsión definitiva de miembros de la familia. Los puestos, espacios de residencia y producción de las familias del oeste compuestos por la vivienda propiamente dicha y el espacio peridoméstico, se ubicaron en torno a un recurso estratégico: el agua.

La obtención de agua de napas subterráneas se realizaba –y aún se hace de esta manera en la mayoría de los puestos del oeste-, a través de pozos llamados jagüeles, de alrededor de 3 a 20 metros de profundidad, y un metro y medio de diámetro en la boca, revestidos en su interior (“calzados”) con chapas sujetas por tirantes. Durante los primeros años del siglo XX, quienes no podían conseguir chapas los forraban con ramas finas de jarilla. Por supuesto, cuanto mayor fuese la profundidad del jagüel, mejor sería la calidad del agua obtenida. En la zona de Emilio Mitre era factible ganar metros en la excavación debido al suelo arenoso, pero en Puelches, donde abunda la roca, la llegada hasta las napas sólo se franqueaba con dinamita, y esta alternativa, por su costo, no estaba al alcance de la mayoría de los pobladores. El agua era sacada con uncas (recipientes de gran capacidad hechos con cuero de avestruz) y actualmente con baldes de plástico-, que se bajaban atadas con una cuerda pasada por una roldada suspendida, mediante un sencillo armazón de madera, encima de la boca del pozo. De esa cuerda tiraba un caballo manso, generalmente conducido por un chico del puesto, traccionando la unca llena hacia arriba. Luego el agua era transportada hasta las viviendas en este mismo recipiente o en barriles.

En términos generales, las aguadas eran compartidas con parientes de menores recursos, aunque cada núcleo familiar solía contar con su propia fuente de agua. El acceso a los preciados jagüeles parece haber sido motivo de conflictos, cuando debían ser compartidos entre vecinos.

Con respecto a las tareas descriptas y según surge de la mayoría de los testimonios, existió división del trabajo por sexo y edad. Las mujeres se ocupaban de las actividades domésticas (preparación de alimentos, aseo de la vivienda, atención de los animales, cuidado de niños menores) y de la fabricación de textiles a telar (que insumía gran cantidad de tiempo); los niños y niñas, a partir de los seis o siete años, comenzaban a adiestrarse bajo la supervisión de los adultos en un sinnúmero de tareas que más tarde se desagregarían por sexo: acompañaban al padre a cazar pequeños animales salvajes, a buscar agua y leña, cuidaban chivas y ovejas, ayudaban a su madre en el hilado y el ordeñe de las chivas; y los hombres, por su parte, tenían a su cargo las tareas de cacería, cuidado del ganado (lanares especialmente) y arreo de los animales hasta los puestos de venta. Además, solían ausentarse para atender los trabajos asalariados estacionales o temporales descriptos con anterioridad.

Ahora bien, aunque durante la primera mitad del siglo los inspectores de tierras (funcionarios nacionales encargados de verificar el cumplimiento de los términos del otorgamiento de tierras) se quejaron frecuentemente acerca del uso que hacía la provincia de Mendoza de las aguas fluviales interjurisdiccionales, reteniendo -mediante diversas obras de desvío para riego en su jurisdicción- los caudales del sistema Atuel - Chadileuvú. Sin embargo, la obra que determinó la profundización del proceso de desertización y el despoblamiento del área fue la construcción del dique El Nihuil, oficialmente inaugurado en 1948, pero que había comenzado a funcionar en los últimos meses del año 1947.

Desde el mismo año 1948, comenzaron las acciones de reclamo, aunque en aquel momento su condición de Territorio Nacional le restaba a La Pampa capacidad legal para enfrentar judicialmente a una provincia ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El gobernador Juan L. Páez expresaba en su informe de enero de 1948:

“Esta parte Oeste del Territorio está, pues, fatalmente condenada a transformarse en un desierto inhóspito si los poderes públicos no van en su auxilio… Frente a un estado de cosas semejante, no es posible dilatar por más tiempo la solución…La zona Oeste de La Pampa se desangra. Sus vecindarios plantean reclamos apremiantes que es necesario oír  porque se refieren al agua, elemento vital para subsistir desde que sin él es inútil pensar en un armónico ordenamiento social y económico. La tierra inculta no podrá ser dominada ni hacerse productiva sin afluencias  de agua, ni habrá sin ellas ningún intento civilizador porque nada es posible construir sobre la aridez y la sed. En la nueva época que vivimos y dentro de los propósitos de  gobernar igual para todas las zonas del país, el agua tendrá que valorizarse como factor económico…
La Pampa no plantea el problema de la acumulación o de la distribución -embalse y riego- sino el muy simple y escueto de la obtención a que tiene derecho no para intensificar la producción sino para no dejar de subsistir…
Jurídicamente, esto es, dentro de las normas que deben regir la vida institucional de los estados que componen la nación, ¿hasta dónde puede la provincia de Mendoza privar a La Pampa de su derecho a la utilización de los caudales del Atuel?…
Sin duda que frente a textos legales expresos la situación existente entre la provincia de Mendoza y La Pampa podría resolverse aplicando el artículo 107 de la Constitución Nacional, o entregando la consideración del caso a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (art. 109). Pero la solución amistosa es preferible….” (Diario La Reforma de General Pico, edición del 24 enero 1948. Archivo del diario)

Pero también los pobladores del oeste y, en particular los de Emilio Mitre recuerdan con claridad los efectos de esa violenta interrupción de los cursos fluviales:

“I-Después el asunto con los ríos, se secaron los ríos. Bueno, en el año ’47 fue una sequía muy grande y la gente de aquí al sur se quedaron todos sin animales porque no tenían agua /…/ no, no había agua… Había remansos ¿vio?, remansos que se hacen por ahí pero el agua salada.
E-¿Siempre fue salada así el agua?
I-Se pone salada porque el agua está quieta. No como el agua que va corriendo porque el agua que va corriendo va limpiando todo. Y esos remansos no, porque el remanso se detiene el agua y agua detenida ese es malísima, cuando toma el animal se muere.” (Testimonio de B. C., cinta 104, Fondo Rankel, Archivo Histórico Provincial).

A partir de este momento, se observará un éxodo importante de población desde todos los departamentos oesteños (a excepción del Departamento de Puelén, el menos vinculado a la cuenca del Chadileuvú y que además atraía migrantes rurales hacia la localidad de 25 de Mayo), tal como se observa en el siguiente cuadro N° 8.1.:

b_300_200_16777215_00_images_banners_tla07.jpgNótese que la totalidad de los departamentos no recuperó los niveles poblacionales hasta épocas muy recientes, e incluso en algunos casos no ha vuelto a las cantidades anteriores a 1947.

Según los datos recientemente publicados del Censo Nacional de Población y Vivienda del 2010, el Departamento Chalileo cuenta con 2.999 habitantes, Chicalcó tiene 1.502 hbs., Curacó 1.039 y Limay Mahuida 506.

De acuerdo al Estudio para la determinación del caudal mínimo necesario para el restablecimiento del sistema ecológico fluvial en el curso inferior del río Atuel (Rovatti et al, 2005), “Los niveles de educación de los Departamentos evidencian guarismos  relativos a las dinámicas de las poblaciones de la región Oeste de la provincia, caracterizados por una marcada diferenciación de los niveles educativos entre los grupos de edad. Si bien la población sin instrucción, se concentra en grupos de edades avanzadas (con mayor incidencia en Chical Có), quedan cifras disociadas de la media provincial incluso en edades medias de ambos Departamentos. La infraestructura de las viviendas presenta en ambos Departamentos carencias significativas, incluso por falta de información estadística. En este sentido, de un total de 492 viviendas relevadas en Chical Có, un centenar carece de información al respecto. En Chalileo, de 922 viviendas, la ausencia de datos asciende a 230 casos.”

Asimismo, según el mismo estudio, “La estructura económica difiere con claridad  entre los Departamentos, en lo que respecta al desarrollo del sector privado generador de empleo. El desarrollo comercial y de servicios urbanos de Santa Isabel incide sobre su Departamento, impulsando al empleo privado a captar la cuarta parte de la población económicamente activa. En forma diferencial, el Departamento Chical Có, quien carece de dichos niveles de desarrollo, posee una proporción de empleo privado que únicamente afecta al 13,9% de su población activa, según la misma fuente.”

DEPTO Categoría Ocupacional Total
Obrero /empleado Patrón Trabajador por Trabajador familiar  
Sec. Público Sec. Privado   Cuenta propia con sueldo sin sueldo  
CHALILEO 261 250 35 283 14 127 970
% 26.9% 25.8% 3.6% 29.2% 1.4% 13.1% 100.0%
CHICAL CÓ 137 82 48 186 19 120 592
% 23.1% 13.9% 8.1% 31.4% 3.2% 20.3% 100.0%


Cuadro N°8.2.: DEPARTAMENTO CHALILEO Y CHICAL CÓ. Población económicamente activa, por Departamento según Categoría Ocupacional -  Porcent.

FUENTE: Estudio para la determinación del caudal mínimo necesario para el restablecimiento del sistema ecológico fluvial en el curso inferior del río Atuel.
Censo Nacional de Población y vivienda 2001.